El mes pasado me sentí enfermo no tenia ganas de nada, mi cuerpo se sentía todo adolorido, me dolía la cabeza, estaba del mal humor todo apático, no tenia ganas de ir a trabajar, ni siquiera quería ver a mis amigos lo que quería hacer era nada, solo quería estar acostado, descansando sin hacer nada. Estos son síntomas de una clásica gripa, estaba enfermo y realmente me afecto mucho por que tampoco quería ir a los servicios, el miedo de contagiar a los demás de mi enfermedad parecía destinado a quedarme en casa y estar en cuarentena.
En la biblia nos dice que habrá un momento que el amor de muchos se enfriara. Y sin amor no se puede ministrar y trabajar en la iglesia.
Ahora veremos que también en la iglesia hay jóvenes enfermos veamos algunos síntomas.
LOS SÍNTOMAS
Se define como “Fenómeno propio y característico de una enfermedad.”.
Ninguna persona se enferma sin que antes sienta y revele ciertos síntomas. Basado en esos síntomas, un médico puede hacer un diagnóstico preliminar del paciente. Las congregaciones enfermas revelan síntomas de su condición y padecimientos.
Apatía. Se define “apatía” como: “dejadez, indolencia o indiferencia”. La congregación apática en su adoración, apática en su compromiso eclesial y apática en su misión de ser “sal” y “luz” del mundo, tiene que tener alguna enfermedad.
Falta de asistencia al templo. La falta de asistencia a los cultos de adoración y a las actividades de la congregación son algo sintomático. Los creyentes no acuden a las reuniones por la falta de interés personal y espiritual. Le falta agradecimiento hacia el Señor Jesucristo, pierde interés en la participación en la comunidad de la fe.
Otros se ausentan porque le han quitado el tiempo al Señor Jesucristo, para dárselo al trabajo, la familia, las diversiones o la pereza. Tienen tiempo para todo, menos para el Señor Jesucristo y la iglesia.
Tenemos también los que se ausentan en forma de protesta como si estuvieran en huelga. Piensan que al dejar de asistir a los cultos podrán transmitir un mensaje de descontento e inconformidad con la condición presente de la congregación.
Descontento. Los creyentes disgustados con otros, como un diácono o el pastor, no podrán participar de los cultos. Al templo se asiste para alcanzar paz, consuelo, motivación y gozo.
Enemistad. Acción contraria a la amistad, personas enemistadas que no se hablan. Ellas adoran a Dios, oran, visitan, escuchan el sermón y van al altar juntos, pero no están unidas en el Espíritu.
Chisme. Se define el “chisme” como “murmuración, noticia o informe con que se mete la cizaña.” El chisme destruye caracteres, mancha a ala iglesia, afrenta al carácter santo de nuestro Señor Jesucristo y es una daga que Satanás entierra por la espalda a la congregación. Los chismosos son creyentes carnales y espirituales anormales, faltos de madurez espiritual y motivados por sus pasiones.
Dejar de orar, ayunar, y leer la biblia es dejar de alimentarnos ya que como ustedes saben también necesitamos de comida espiritual y la obtenemos al orar, al leer su palabra y ayunar. Cuando un cristiano deja de comer sus defensas se debilitan y se enferma.
La prevención de la enfermedad de la congregación.
La oración. Esta no puede perder su vigencia dentro de la experiencia del pueblo de Dios. La inoculación de la oración las congregaciones podrán resistir las enfermedades que amenazan con invadirla.
La unidad. En Hechos 2:1 leemos: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban unánimes juntos.” El avivamiento de Pentecostés fue la respuesta a un despertamiento de oración y unidad (Hechos 1:14) que durante diez días los seguidores de Jesús de Nazaret celebraron en el aposento alto.
En el avivamiento de Pentecostés las naciones que en Babel se desunieron alcanzaron la unidad. Las lenguas de Babel eran de desunión, las de Pentecostés de unión. Por decirlo así fue una restauración lingüística (Hechos 2:8-11).
La unidad de la iglesia significa que como cuerpo, del cual Jesucristo es la cabeza, no puede ni debe funcionar desmembrada. Da pena admitirlo, pero muchas congregaciones se infringen heridas y producen sus propias amputaciones.
La unidad del cuerpo místico de Cristo en la comunidad de la fe tiene sus aplicaciones:
La unidad entre el pastor y sus líderes (junta de ancianos, diáconos, síndicos, líderes departamentales). La unidad es un elemento aglutinante. Esta unidad del pastor y los dirigentes es más que la representación de verse juntos en la misma visión, compromiso y deseo de servir.
La unidad del pastor y los creyentes. Estos deben tener libertad de comunicación con su pastor. El pastor tiene que salir de su oficina pastoral y bajar de su púlpito hasta los bancos donde están los miembros necesitados.
La unidad de los líderes y la congregación. Muchos líderes a causa de su título y posición se sienten por encima del resto de los santos. Han desarrollado muchas obras religiosas y no desean participar de la congregación con el pueblo santificado.
Los líderes deben servir al pueblo y no están únicamente para ser servidos por el pueblo. Hay que usar las cosas y amar a la gente, no usar la gente y amar las cosas.
Los líderes que sólo buscan su bienestar no son auténticos. Abusan de la confianza del pueblo. Se aprovechan de su posición. En cualquier momento sus torres de Babel se les derrumbarán y sus techos de cristal se les romperán.
El amor. Así como el amor produce sanidad en las relaciones matrimoniales, familiares y humanas, también sana las heridas que los problemas infligen en las congregaciones.
El amor es algo que se ofrece, se comparte, es una entrega de uno a los demás. El amor es altruista; busca el bien de los demás. El amor supera las diferencias personales entre los creyentes, dando así lugar a la experiencia de la comunión o congregación (gr. Koinonía).
La fe. La fe como elemento de vitalidad congregacional se ha diluido en muchas comunidades cristianas con un misticismo exagerado, con una fe demasiado activa y un emocionalismo carente del poder del Espíritu Santo.
La fe (gr. Pistis) significa firme persuasión, una convicción que resulta en confianza, confiabilidad, fidelidad y certeza. La fe bíblica tiene como contenido la Palabra revelada por Dios y como objeto a Dios mismo.
Una comunidad que tiene fe refleja la buena salud espiritual sobre los creyentes, pero la fuente de esa fe debe ser la Biblia.
El Señor Jesucristo. El imán de la gracia que mantiene a los creyentes en comunión y unidos es Jesucristo. Cuando miramos su perfección dejamos de ver nuestras imperfecciones. Su salud se convierte en la sanidad de la iglesia.
Para concluir tenemos que decir que para cualquier enfermedad congregacional, Jesucristo tiene la medicina.
11/04/2009
Jóvenes enfermos
Publicado por ranger_37 en 17:11
Etiquetas: Jovenes Cristianos
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